No se deje abrumar por la crisis financiera, levante su ánimo

En 2008, el año en que comenzó la última gran crisis económica y financiera mundial, con epicentro en EU, la encuesta anual sobre ‘El estrés en América’ reflejó los primeros impactos en la psique humana de esta masiva situación adversa, que después afectaría a muchos otros países y en algunos aún continúa.

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De acuerdo a este trabajo efectuado entre los meses de junio y agosto de 2008, al inicio de la también denominada Gran Recesión, casi la mitad de los 1.791 adultos estadounidenses encuestados para la American Psychological Association, APA, (www.apa.org) manifestaron que su nivel de estrés había aumentado respecto del año anterior, según el servicio público de noticias médica ‘Health Day’.

Debido a esto, el 60 por ciento de los encuestados se sentía irritable o enfadado, y más de la mitad sufría fatiga y no podía dormir de noche debido al nerviosismo, según ‘Health Day’.

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Otros estudios efectuados por CHC Psicólogos, el Instituto Catalán de la Salud, Psicólogos Sin Fronteras y y la compañía de salud Sanitas, en países dónde la crisis aún perdura, como España, desvelan que la adversidad material persistente "aumenta en la población las molestias psicosomáticas, los problemas de pareja, y las tendencias depresivas, así como la necesidad de recibir atención psicológica y tomar psicofármacos".

Para la psicóloga e investigadora estadounidense Deborah Rozman, el estrés de los tiempos actuales no es como el estrés clásico debido a un único tipo de incidente o una gran crisis puntual en la vida, y es el que sigue naturalmente a un trauma, una enfermedad, un cambio de trabajo, u otros grandes acontecimientos vitales.

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Para la experta la diferencia es que "se trata de un estrés crónico que se va comiendo el tejido de la paz y alegría de la gente", y que combinado con la recesión, que genera una angustia importante en muchas personas, crea "un efecto acumulativo, empujando a muchas personas al borde del desmoronamiento psicológico", según la especialista de Quantum Intech (www.quantumintech.com) del Instituto HeartMath de Boulder Creek, California (EU).

Para aportar recursos que ayuden a reducir el estrés y otras consecuencias negativas de la recesión, Efe ha solicitado al equipo de psicólogos de la Asociación Mentes Abiertas, A.M.A., (www.mentesabiertas.org) que sugieran algunos consejos prácticos, clave para mantener el ánimo elevado y salir adelante en tiempos de penuria económica y laboral . Son estos:.

Huya de la autocompasión

“Cuando nos vemos afectados por la crisis a nivel laboral y/o económico, pueden surgir en nuestra mente ideas autodestructivas que mermen más, si cabe, nuestra situación. En la mayor parte de las ocasiones aparece la autocrítica y la vergüenza: ¿Por qué a mí? ¿Qué habré hecho mal? ¿Por qué no puedo salir adelante?”, señala A.M.A.

En estos casos – según esta asociación- la tendencia nos lleva a buscar el camino de la resistencia, convirtiendo el dolor en un mayor sufrimiento. Pero “por mucho que tratemos de huir de ese dolor, nos persigue como nuestra sombra en forma de emociones negativas: ira, vergüenza, frustración, desesperación”.

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“Necesitamos entablar una relación nueva con nuestras emociones negativas y, en lugar de luchar de forma encarnizada contra ellas, podemos ser testigos de nuestro propio dolor y responder con amabilidad y compasión. El razonamiento es sencillo: ¿por qué negarnos a nosotros mismos la comprensión y el afecto que brindamos a los demás cuando sufren?”, añade este equipo de profesionales.

Para A.M.A., “El dolor es algo inevitable, por tanto, rebelarse contra ello se convierte en una lucha contra nosotros mismos que hace estragos”.

Acepte lo que hay y lo que llega

“Si en lugar de enfrentarnos al dolor nos abrimos hacia la autoaceptación con curiosidad, podremos producir un cambio de actitud que origine un giro a nuestra perspectiva sobre el problema”, explican desde Mentes Abiertas.

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Para conseguirlo, esta entidad aconseja utilizar la siguiente secuencia:.

1. Pararnos ante la primera señal de emergencia que percibamos (sensaciones negativas).

2. Respirar de forma profunda para serenarnos.

3. Observar en qué parte de nuestro cuerpo se muestra la emoción negativa.

4. Tratar de etiquetarla, ya que de esta forma la emoción pierde fuerza.

5. Dejarnos un tiempo para la aceptación y la desactivación de dicha emoción.

Potencie sus propias fortalezas

Según explican a Efe estos psicólogos, “a pesar de nuestra experiencia vital, los golpes emocionales pueden llegar a ensombrecernos, de tal forma, que solo veamos en nosotros nuestros lados negativos”.

“Como seres imperfectos que somos, siempre vamos a cometer fallos y va a haber cuestiones a mejorar, pero eso no significa que todo lo positivo haya dejado de existir. Este mecanismo distorsionado de nuestra percepción tiende a magnificar todo lo negativo, regodeándonos en el fallo y la culpa y viéndonos abocados a la desesperación”, asegura A.M.A.

“Si en lugar de ello, ampliamos nuestra perspectiva más allá de la situación actual, podremos observar momentos difíciles que hayamos superado previamente, retos complicados que nos hayan generado una gran satisfacción al superarlos y por supuesto, las partes de nosotros mismos que nos han permitido hacerlo, es decir nuestras ‘fortalezas’”, explica la asociación.

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Según Mentes Abiertas, “cuánto más presionados nos encontremos, mayor hincapié tendremos que realizar en alcanzar una perspectiva sobre nuestro autoconcepto. Con un poco de paciencia y una lente más ampliada, podremos ver que, no solo somos ese fallo o esa conducta recurrente, sino que habrá muchas otras características que harán de nosotros un conjunto más fuerte que el que la emoción negativa nos deja percibir”.

Para lograrlo A.M.A. sugiere “realizar una lista de esas capacidades que en otros momentos nos han ayudado a salir adelante y tenerla bien presente en la actualidad”.

Busque lo positivo

Para detectar y corregir una posible tendencia a fijar nuestra atención únicamente en los aspectos negativos, así como magnificarlos y sobregeneralizarlos, según este equipo de psicólogos, “es conveniente practicar un sencillo ejercicio”.

“Al finalizar el día, pero no antes de irnos a dormir, ya que interferiría en nuestra conciliación del sueño, haremos un repaso del transcurso de la jornada con todas las actividades y todo lo que nos ha pasado, intentando encontrar y tomar nota de aquello positivo que nos haya ocurrido”, explican desde la asociación.

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“En esta ocasión, no nos centramos en ningún aspecto negativo sino que rescatamos únicamente lo que valoremos como positivo, por mínimo o insignificante que nos parezca. Al final puede que, casi sin darnos cuenta, vayamos recomponiéndonos”, recomienda A.M.A.

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26.02.2014 12:44 (26.02.2014)
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